Sonrisas y lágrimas.

Sonrisas y lágrimas en la constitución de los nuevos Ayuntamientos en Ribagorza. Veteranos en el cargo, para bien o para mal, vuelven a aposentar el trasero en un trono al que ya tienen cogida la medida. Savia nueva engrosa las filas de los partidos políticos. Y con la llegada del verano, es hora de la Lengua Viperina vuelva a la carga contra nuestros gobernantes y chupatintas de variado pelaje y calaña.

 

Viejos buitres y nuevos carroñeros han estado disputándose la presa ribagorzana, recordando lo hecho y lo que está por hacer, persiguiendo el voto como un asno tras una suculenta zanahoria, para que todo acabe en palabras huecas y agua de borrajas en cuanto se aseguran su porción del pastel para ir saboreándolo hasta la próxima legislatura, en la que todos, bien limpios y sonrientes, mentirán como boca de mercante. Bien seguro, que algunos hay, no daré nombres, pero todos sabemos bien de quienes se trata, que ocupan sus asientos como concejales y alcaldes con el sólo propósito de hacer de sus respectivos pueblos  un lugar mejor, en contribuir a su desarrollo económico y cultural, al margen de su propio provecho ( “no da para vivir del hampa”-dicen algunos alcaldes, yendo con sus tractores a roturar los campos, a cosechar almendros y olivos, o gayata en mano a ocuparse del ganado, y esa es una verdad como un puño: en pequeñas localidades, o se es alcalde por vocación y amor a la tierra, o es mejor ir olvidándose del cargo. Y es por ello inestimable la labor de aquellos alcaldes que, después de haber echado el cerrojo a su negocio, de haber cerrado el ganado o de haber dejado el tractor en el almacén, todavía sacan fuerzas de flaqueza para sentarse en el Ayuntamiento y tratar de correr con los gastos del pueblo contando con un presupuesto que los mantiene al borde de la asfixia económica).

Y, mal que nos pese, unas pocas manzanas podridas envilecen el aspecto de todo el cesto, pero esa es una realidad que me revuelve las entrañas día sí, día también.

 

No voy a negar que en Graus el Ayuntamiento no ha hecho las cosas tan mal, no soy tan cretino como para quedarme sólo con la cara fea de la moneda. Su labor ha sido muy meritoria a nivel cultural y festivo, muy cierto, y es algo que les aplaudo sinceramente (por una cosa que hacen bien, habrá que reconocérselo, digo yo…). Aunque con el jolgorio parece que a nuestros gobernantes se les han olvidado las cosas realmente importantes para la localidad, pues no son las festividades y los actos sociales  los que permanecen en la memoria popular, al menos a largo plazo, sino lo que la alcaldía deja tras de sí después de cuatro años manejando los hilos del pueblo.

 

Pongo por ejemplo las obras que se están realizando en el pueblo: un nuevo local de Aventín, la demolición de un edificio que se caía de puro viejo en la calle Barranco, nuevos bloques de pisos y locales comerciales. Vale, todo eso está muy bien, pero parece que el Ayuntamiento tiene una venda en los ojos ante la situación que se repite cada verano en Graus: la calle Barranco, atestada de coches, con un calor de mil demonios, rebosante de turistas: el infierno en la Tierra.

Ya hace años en los que ver ambos lados de la calle Barranco medianamente despejados de coches y con un tránsito de peatones fluido es un sueño al que ya hace tiempo que renuncié. Encontrar un hueco para aparcar es una hazaña imposible. Cruzar, un suicidio. Pasear, mejor ni te lo plantees (incluso las propias aceras están ATESTADAS de mesas, así que si quieres pasar tienes que ir haciendo “eslalon” en un auténtico pase de modelos).  Circular en coche parece un juego de “tetris”, siempre atento al que te venga por detrás, cuidado con el que viene por el frente,¡ y vigila mientas tanto que no salga alguien de donde estaba aparcado!. Graus está pidiendo un plan de urbanismo y un parking A GRITOS, antes de que la situación se nos vaya de las manos.

 

Otro aspecto de Graus que requiere una honda meditación es nuestra biblioteca y la por todos nosotros conocida bibliotecaria, cuya labor es bien meritoria, especialmente por un aspecto: los niños.

Me solidarizo con las madres, que han de ocuparse de su prole 24 horas al día y a las que sólo la noche concede (a veces, ni tan siquiera en ese momento) un breve respiro. Pero es que la biblioteca hay jornadas en las que parece más una guardería que un santuario para la cultura. Y día tras día nuestra querida Pepa tiene que usar sus mejores dotes de diplomacia para que el entretenimiento de los niños y el estudio de los mayores sean actividades que puedan convivir en un mismo local. Una labor de titanes, en mi opinión. Tal vez, Ramón Miranda, con su dilatada experiencia al frente de la alcaldía grausina, halle una solución en consecuencia.

 

Otro punto: Costa  y su estatua. Benefactor y gran desconocido para la gran mayoría de los ribagorzanos de a pie (entre los cuales, para mi vergüenza, me cuento). La estatua, si bien se trata de un monumento conmemorativo, en Graus, diríase que tiene la función de merendero municipal para niños y adolescentes. Luego queda todo como en un maldito vertedero: latas de coca-cola, restos de bocadillos a medio comer, envolturas de todo tipo de bollerías artificiales… Se me cae el alma a los pies cada vez que presencio tan dantesco espectáculo. Ojala algún día nuestros jóvenes aprendan a mostrar más respeto por la memoria de Costa y su monumento.

 

Las obras realizadas (y que se siguen realizando) en el santuario de la Virgen de la Peña son otra de las cosas que quiero recalcar en esta Lengua Viperina. Me parece estupendo que quieran acondicionar y restaurar un monumento tan grausino, pero que, por favor, lo hagan respetando las características de estilo del monumento. Imagino que esos “pegotones” de hormigón dispuestos en las escaleras de acceso son para facilitar el acceso a los inválidos en sillas de ruedas (deduzco),lo cual es digno de consideración, aunque sinceramente, no era gran entendido de arte ni de buen gusto el que los hizo. El suelo empedrado románico y los “pegotones” de hormigón s XXI son una combinación bastante horrorosa tanto a ojos del visitante como del grausino viejo.

 

Y ya para cerrar esta Lengua Viperina, recalcar a nuestro alcalde un último hecho: ahora que se ha construido y acondicionado el “Edificio Bardaxí”, la vieja estación de autobuses, que ya era un visión bien dantesca en la entrada del pueblo, resulta todavía más desagradable en contraste con esta nueva edificación. Tal vez haya llegado el momento de dar una nueva vida a esta edificación y un aspecto más digno a la entrada de nuestro pueblo.

 

Esperemos que la situación mejore con esta nueva legislatura en la alcaldía, y que La Lengua Viperina no deba volver a sisear por boca de un servidor.

 

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