Diversión O,0 %

Éste artículo tiene su origen en una experiencia

reciente que vino a recordarme, de forma directa y

amarga, una triste realidad de nuestros días.

Por una noche había decidido concederle a mi cuerpo

una noche de concupiscencia y agradable frivolidad en

compañía de algunos de mis compañeros de fatigas en

mi carrera filológica.   Era el aniversario del pub escocés

Loch Ness, de modo que estaba previsto organizar una gran

fiesta, con las consecuentes ofertas en el precio del alcohol que pueden esperarse de una   efeméride de tal magnitud.  Estaba dispuesto a conceder un voto de confianza a la juventud

zaragozana, y poder por una noche, desconectar de mis múltiples obligaciones.

El pub en cuestión no abría sus puertas hasta las 22:50 de la noche, pero antes de las 22:30,

la calle en la que se halla dicho pub estaba atestada de una masa informe de jóvenes chaperos

de discoteca y colegialas carpeteras consagrados a conversaciones que hubieran provocado

la náusea de cualquier ser humano con un ápice de sal en la mollera.

A pesar del ambiente de toda evidencia desalentador, aguanté estoicamente el incesante

parloteo de un grupo de carpeteras durante alrededor de veinte minutos, sin querer aún

resignarme a verme obligado a reafirmarme en mis ideas de lo tristemente podrido de nuestra

juventud. Y ahora que escribo éste artículo, puedo reafirmarme, aunque bien sabe Dios que desearía lo contrario en mi profundo asco y preocupación por esta sociedad.

El resultado fue que hice de tripas corazón, y durante algo menos de una hora fue testigo

directo de un aberrante espectáculo de exaltación del alcoholismo que hubiera provocado el

sonrojo del mismísimo Baco. La más aberrantes combinaciones de bebidas alcohólicas fueron

adoradas cual ídolos por el populacho, entre el cual, y me pesa reconocerlo, había un número

inquietante de aquellos que el día de mañana están destinados a convertirse (teóricamente) en

la élite de la sociedad: universitarios; y lo que no deja de ser menos preocupante: infinidades de menores de edad, vestidas cual rameras, que de toda evidencia terminarían la noche ebrias,

víctimas de la libido turbio de cualquier desaprensivo con el cerebro en la entrepierna

Pero ésta es una realidad socialmente aceptada: la fiesta ha pasado de la música, la danza, el

humor y en su caso, el galante arte de la seducción, a una exaltación del alcoholismo sin control y del sexo exprés sobre un retrete mancillado por los vómitos rancios de nuestra bien amada juventud.   Cada día se me presenta más inalcanzable la idea de que la noche zaragozana

recupere su sentido en mi vida, y poder volver a disfrutar de un buen baile y de una copa de buen ron o buen wisky en la mejor de las compañías, y por una vez al menos, volver la quietud de mi topera zaragozana sin el hedor del tabaco agarrado a la camisa y sin esa sensación de

malestar por el estado de la sociedad.  Porque, por ventura o por desgracia, no puedo hacer el juego del avestruz, y enrunar la cabeza en la arena mientras todo se derrumba a mi alrededor,

tal es el sino de mi existencia; en un día a día en que la diversión se mide en litros de cerveza

consumidos.

Un cordial saludo, viperiner@s.

Una respuesta a Diversión O,0 %

  1. Andreea dijo:

    Mucha verdad lo de la “diversión 0”, porque realmente, tal y como vamos, la juventud, su forma de pensar, mal vamos.
    Algunos salen y van a lo que van. Pero todavía quedan otros que saben disfrutar de la buena compañía, sin necesidad de colocarse por todos los medios posibles.
    Mientras siga habiendo “otros”, hay esperanza.

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