Bebiendo cicuta

En la mente de la mayoría de las personas se representa al filosofo

como un hombre de pelo y barba largos y canos, embutido en una toga blanca, de hábitos bohemios, desaliñado y alejado del materialismo de la sociedad.

 

Sin embargo, no son conscientes de que, cualquier persona en su sano juicio, capaz de razonar y pensar por si misma, sin dejarse arrastrar por convenciones sociales, lugares comunes, o por el más aberrante de los argumentos: lo que piensa una pluralidad de personas necesariamente es lo bueno y correcto. Ésta es mi voluntad como escritor y librepensador a través de las palabras que llenan las páginas de cada Lengua Viperina, en cada nuevo número del Ribagorzano, sin pretender por ello influir en la conciencia ni en el modus de pensamiento de nadie. Si alguien se ha sentido ofendido por mis palabras en alguno de mis artículos, entono en estas líneas el mea culpa, sin embargo, han de ser conscientes de que el camino a la libertad moral del individuo discurre por sendas escabrosas, llenas de obstáculos. Una persona es libre en tanto en cuanto es moralmente responsable y consciente de lo que hace, llevando una vida acorde con su razón, con el sentido común (el menos común de los sentidos….), sin aceptar nada vacuo o carente de sentido, especialmente si esto es impuesto por algo o alguien externo y ajeno a la propia persona.

 

¿Cuántos jóvenes se han dejado arrastrar a los oscuros vicios del alcohol y las drogas por haber frecuentado compañías inadecuadas, desoyendo a su propia conciencia cuando comenzaban a sentir en su cuerpo los estragos de una vida en exceso insana?. ¿Cuántas personas por el mero echo de pretender ser como los demás han renegado de su propia identidad, de su propio modo de ser, sólo por ser aceptados dentro de determinado círculo social?.

 

 Y los daños de esta falta de autodeterminación se muestran ante los ojos de la sociedad día tras día: vandalismo ( o “kale borroka” según los vacos…), terrorismo, fanatismo religioso, organizaciones sectarias, consumo y tráfico de drogas, botellones y más botellones, jóvenes que consumes drogas o fuman a edades cada vez más tempranas….  aunque no son sólo los más jóvenes quienes han de sentirse identificados en esta líneas, sino muchos adultos cuyo comportamiento no es mejor: violaciones, hurtos, escándalos públicos, violencia en actos sociales… carne gangrenada de una sociedad contaminada que se desintegra día tras día.

 

Si simplemente se tomaran un instante para reflexionar sobre las causas y motivos que motivan tan abominables comportamientos, y de sus consecuencias intrínsecas , la sociedad aprendería a vivir en un mundo más correcto y provechoso para todos mediante el mero uso de su razón y de su autodeterminación como personas, pues la capacidad de raciocinio (teóricamente intrínseca a todo ser humano) y el lenguaje (ídem) son las únicas características que nos hacen distintos de los animales, aunque por desgracia, los animales demuestren con una frecuencia del todo excesiva ser más personas que los propios seres humanos.

 

Es tiempo ahora de adoptar una nueva filosofía acorde a las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI, ni demasiado estoica ni demasiado epicúrea, una melange, permítanme el latinajo, del “carpe diem”, del “colligo virgo roses” romántico y de la filosofía de Séneca.  Alimenten el cuerpo de buenos caldos y de una mesa bien surtida, siempre que esto sea posible pero siempre con mesura y moderación, disfruten de la juventud aunque fugaz y pasajera pero siempre con arreglo a los principios románticos y con la mirada puesta en el futuro. Vivid tanto que es posible pues nadie sabe a ciencia cierta que hay después de morir, de modo que no tiene sentido llevar una vida amargada pensando en un quimérico jardín del Edén. Creed en el anarquismo, aunque irrealizable, pues todo el mundo necesita creer en una utopía, aunque no convenga abandonarse en el mundo de los sueños y olvidarse de la realidad.

 

 

Cultivad el espíritu con buen literato sin aceptar la palabrería vacua de aquellos que falsamente se hacen llamar escritores o poetas, que llenan folios y folios de un verbo delicado más que es vacío y mentiroso puesto que no transmite nada a quien lo lee. La verdadera poesía y el verdadero sentir sale del corazón de los hombres, no de un puñado de reglas y normas estilísticas recogidas en gruesos códices, del mismo modo que no es necesario ser un Aristóteles o un Ortega y Gasset ni haber invertido 5 años de vida en una licenciatura en filosofía para atreverse a filosofar y hablar con propiedad sobre aquello que es propio a los hombres: su existencia y su comportamiento en la sociedad. Negaos, queridos lectores, a que os llenen la cabeza de pájaros aquellos que se hacen llamar vuestros gobernantes, en un gobierno para el pueblo pero sin el pueblo y no aceptéis aquello que no sea axiomático ni evidente al libre uso del pensamiento humano.

 

Un saludo.

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